Tengo una mente complicada, pues, de los rincones más internos de mi cabeza salen estos fragmentos de locura.
No me entiendo, no sé que hago escribiendo esto, ni siquiera si sirve de algo. Mientras medito, las horas pasan, desperdicio minutos en algo sin utilidad, ¿acaso tiene sentido?
Mis sentimientos le dan la guinda a este pastel sin sentido, horneado en la mente de un simple joven tras la pantalla de un ordenador. ¡Cuanta inspiración puede dar mirar por la ventana!
El mundo se mueve, lo ves en marcha, mientras, yo me quedo en el mismo punto, agachado, cruzo las piernas y espero ese momento en el que la ideas fluyen en mi cabeza como el agua en un rio. Entonces me doy cuenta, las ideas no fluyen, soy yo, moviéndome por el desierto que son las calles de mi rostro, desde los ojos verdes que tanto sufren con la luz, hasta los propios pelos de una barba en formación.
Que triste pensar que una vez fuí un crío al que le gustaba escribir historias inocentes y ahora, que 19 inviernos me avalan, todo se ha vuelto oscuro.
Quizá algún día todo vuelva a ser colorido, vuelva a respirar ajeno al polvo que flota en el aire de mi descontento, y me quite la máscara veneciana con su permanente expresión triste, como si de una broma se tratara.
Uno más de mis fragmentos de locura tirado al baúl de mi cabeza.
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