lunes, 20 de julio de 2015

ARENA Y NEÓN

Se ha hecho el silencio en el desierto. Las luces de la ciudad quedan muy lejos pero eso ya no le importa. La vida de su amor se ha desvanecido en un instante, una milésima de segundo que se ha llevado consigo a la persona que más ha querido. Su cuerpo, tendido en la arena teñida de rojo, aun está caliente. Joey no puede soportar todos los recuerdos que le vienen a la cabeza. Que tonto fue al confiar en ella. Que tonto fue al trabajar para Salty. Se arrepiente de haber hecho todo lo que ha hecho pero ya no hay vuelta atrás y emprende el camino hacia su coche, aparcado no muy lejos de allí. El camino es duro pues en su mente no puede ver otra cosa que la cara de Rita, su querida Rita, a la que jamás volverá a ver.
Llega a su Jaguar MK II y abre la puerta tras tirar su cigarro al suelo. Se sienta en el asiento del conductor y estira el brazo para abrir la guantera. De ella saca la foto que se hizo con Rita en el lago Mead. Observa la hermosa cara de aquella chica, su amor, su vida, y mientras deja caer sus lágrimas sobre la fotografía vuelve a sacar algo de la guantera, aquel revólver que Tío Salty le regaló antes de que todo se fuera al infierno por culpa de la avaricia de su chica, su Rita Cohen. Abre el tambor de su Colt Python del .357 y observa que queda una bala, justo lo que necesita.

Obseva de nuevo la foto y deja caer su última lágrima sobre ella. Aprieta el cañón de su revólver contra la sien.

Un estruendoso ruido. Un leve fogonazo. Y el silencio. Todo había terminado.