Estoy encerrado en mi habitación escribiendo mientras escucho los ladridos del perro de mi vecino colarse por la ventana. Me pone de los nervios.
Hace una hora que recibí tu mensaje diciéndome adiós. Le doy vueltas, más de las que yo di para ir a verte el primer día. Ya dejé esos recuerdos atrás, junto a la inmadurez que me representaba como una bandera representa a un país.
Mi calma se vuelve rabia, sólo un segundo, después te comprendo.
¿El problema soy yo? Puede ser, a veces pienso que soy tonto por que no me doy cuenta de esas cosas. Pero, ¿siempre soy yo?
Hace una hora que recibí tu mensaje diciéndome adiós. Le doy vueltas, más de las que yo di para ir a verte el primer día. Ya dejé esos recuerdos atrás, junto a la inmadurez que me representaba como una bandera representa a un país.
Mi calma se vuelve rabia, sólo un segundo, después te comprendo.
¿El problema soy yo? Puede ser, a veces pienso que soy tonto por que no me doy cuenta de esas cosas. Pero, ¿siempre soy yo?
Dejo la pregunta sin respuesta a un lado al darme cuenta que mis dedos se agarrotan por el frio, necesito sol, abro la ventana y los ladridos de ese maldito perro se acentúan.
Vuelvo mi atención hacia el televisor, ponen ese programa que tanta gracia me hace, me rio y eso me resulta extraño.
Estoy cambiando. Para madurar hace falta mucho esfuerzo, pero aun así cambio. Tanto cambio me agota, me tumbo para descansar, pero es imposible, el perro no deja de ladrar. Entonces un hilo de luz se cuela por esos pequeños orificios de la persiana e ilumima el título de un libro, "Vuelva usted mañana" de Mariano José de Larra, es gracioso porque fue mi libro favorito hace mucho tiempo. Abro el libro y leo una frase, "Una nube sombría lo envolvía todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas", frío es lo que siento, tanto que casi no puedo escribir, pero es de día. Añoro el verano, con su calor y esa luz que ilumina la Giralda. Sevilla es preciosa, y ese velo oscuro que me envolvió durante dos años me impidió verlo.
Vuelvo mi atención hacia el televisor, ponen ese programa que tanta gracia me hace, me rio y eso me resulta extraño.
Estoy cambiando. Para madurar hace falta mucho esfuerzo, pero aun así cambio. Tanto cambio me agota, me tumbo para descansar, pero es imposible, el perro no deja de ladrar. Entonces un hilo de luz se cuela por esos pequeños orificios de la persiana e ilumima el título de un libro, "Vuelva usted mañana" de Mariano José de Larra, es gracioso porque fue mi libro favorito hace mucho tiempo. Abro el libro y leo una frase, "Una nube sombría lo envolvía todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas", frío es lo que siento, tanto que casi no puedo escribir, pero es de día. Añoro el verano, con su calor y esa luz que ilumina la Giralda. Sevilla es preciosa, y ese velo oscuro que me envolvió durante dos años me impidió verlo.
Miro el reloj. Han pasado varios minutos de las 17:00. El perro se ha callado, pero no voy a dormir como intenté antes. Voy a la calle a dejar que el Sol me vuelva a iluminar.
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