Una leve brisa se cuela a través de la ventana, esta fría pues el día amanece gris. Se nota el susurro del invierno en el ocaso del año mientras hacemos frente al mal tiempo.
Quizá soy yo quien amanece gris y el frío que siento es un llanto tormentoso de mi corazón. Nublado como un mal día a punto de sucumbir a la tempestad, esa que hace parecer ríos los suelos de asfalto que piso con mis botas mientras que los cordones danzan al aire con cada paso.
Mi piel comienza a quebrarse a causa del frío. Mi aliento escapa en forma de vapor cuando respiro. Mis ojos verdes se encuentran marchitos por el cansancio de una noche sin sueños y poco a poco se vuelven rojos. Mi camino comienza a ser difícil, como todo, y me vuelvo torpe y frágil.
Mis manos dejaron de sentir calor. Mis ojos dejaron de ver la luz. Mis pies dejaron de caminar. Todo en cuanto me crucé contigo. Un leve brillo en la oscuridad. Un reflejo del Sol que se cuela entre las nubes. Pero no eres mas que barro en el camino. Y yo, sin comprenderte, no soy mas que polvo flotando a tu lado mientras tu rastro se pierde entre las sombras.
Truenos se escuchan a lo lejos y el cielo se ilumina levemente. Tú ya te has ido, estoy indefenso pero cuando la lluvia caiga sobre nuestras almas...sólo nos quedará tierra mojada.