jueves, 24 de diciembre de 2015

UN PAÍS LLAMADO PSICODELIA

Era tarde cuando tu dulce aroma me llevó volando más allá del horizonte, donde los árboles se quitan el sombrero al saludar, donde el cielo se ilumina con un tono púrpura y las ardillas cantan al compás de la trompeta de un búho subterráneo. ¿Cielo o infierno? Ya no importa pues me hallo tumbado en una nube confortable creada por tu humo de dulces hierbas. Infusión de confusión en este lugar con olor a sueño de madrugada en las calles de Sevilla, como si llevara en las venas el licor de tres mil chupitos y algo más en papel de seda. Las flores bailan con ritmo esperpéntico esperando ser recogidas por un transeúnte cualquiera que las trate bien y las manipule con cautela, evitando aquellos ogros azules que se las llevan en sus caballos de dos ruedas. Maldición afortunada en mi cabeza por poder ver aquellas maravillosas bellezas. Mis ojos no pueden apartar la vista de aquel paisaje de ensueño, perfecto, digno de todo desecho dispuesto a autodestruirse. Pero merece la pena con tal de disfrutar el olor de la perfección absoluta. Si existe un dios está aquí y yo soy su chamán preparado para mostrar al mundo las visiones divinas del paraíso del humo sagrado.

Miro de nuevo al cielo, tan hermoso, tan resplandeciente, tan brillante y veo mi techo, ¿mi habitación?

¿Qué hago aquí?