jueves, 12 de febrero de 2015

MALDITO SEA EL MOMENTO EN EL QUE DECIDIMOS SER HUMANOS

Son las 18:34 y como todas las tardes me asomo a la ventana para verte aparecer tras esa esquina. Eres preciosa, me dejas pasmado cuando te veo caminar moviendo esas piernas que dejarían sin aliento a un dragón. Tu pelo rojo es la llama que me enciende y mantiene mi mirada fijada en ti, aunque no se si es esa la razón por la que me atraes o si es el tatuaje que asoma tímidamente por el borde de tu cadera. Tu piel pálida parece ser tan suave como el algodón del que está hecha mi almohada, quizá esa es la razón por la que sueño contigo y tu forma tan sensual de caminar, como si supieras que estoy atento a cada uno de tus pasos y me invitases a hablar contigo. Tu ojos verdes hacen que me pierda en ellos como me pierdo en cada uno de esos sueños pues cada uno de ellos, desde las retinas hasta las pupilas, son un mundo, un mundo maravilloso. Tu figura es espectacular. Eres alta y voluptuosa. Perfecta. Eres la razón por la que me volveria una bestia. Maldito sea el momento en el que decidimos ser humanos porque si me atreviera a hablar contigo perderia toda humanidad y me volveria tan salvaje como el lobo que caza entre los árboles helados. Mi musa, mi sueño y mi perdición.

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